A PEDIR DE BOCA

Alrededor de metro ochenta. Brazos largos, caídos a los lados. Grande. Enorme. Tuvo que engordar para que el corazón le cupiese en el pecho. Camina por los pasillos del hospital con la mirada perdida y una bata blanca, tan enorme como ella. Hoy está triste y algo cansada. Las buenas personas cargan, en ocasiones, demasiado peso a sus espaldas. Podía con todo, o eso creía. Llenaba su mochila con silencios, pero pronto empezó a faltar espacio y decidió guardarlos en sus bolsillos. A manos llenas.

No dice nada, pero puedo ver como la tristeza ha inundado su mirada. Me cuenta que eligió un camino difícil. A modo de reto. Sabía que podía, ella puede con todo. Y en efecto pudo. Todo salió a pedir de boca. Bordó una a una las letras que escribían su futuro. Noches repletas de textos médicos y amaneceres cargados de cafeína. Sacrificios, desalientos y vueltas a empezar. Sonríe mientras su dulzura me mima, pero sus ojos muestran un paisaje desolador. No va a contarme qué le sucede, y yo sólo siento ganas de abrazarla.

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