CUANDO EL ALMA ES SORDA

Puede que en ocasiones no queramos escuchar. En otras, sin embargo, el alma es sorda. Formula la misma pregunta una y otra vez a la razón y ésta, que escucha atenta, responde coherentemente. Pero si el alma es sorda, no atiende a razones. Alegría y dolor adquieren el mismo sabor. Sentimientos encontrados caminan de la mano. Ya no importa la respuesta, sólo la pregunta. El tiempo pasa y ésta adquiere matices. Puede que la experiencia sea capaz de teñirlo todo del color de la seguridad, pero la mitad del cielo nunca fue suficiente. Lo queremos todo. Y perdernos entre las nubes y etiquetarlas y hacerlas nuestras. Sin darnos cuenta de que en realidad nada nos pertenece. Pero el alma es sorda. Caprichosa a veces, espera lo inesperado deseando que suceda. El alma no quiere morir, no sabe que ha de hacerlo, no escucha, no quiere, no puede. Y desea, porque sabe que el deseo es lo opuesto a la muerte.

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