La alimentación es un proceso voluntario a través del cual las personas se proporcionan sustancias aptas para el consumo, las modifican partiéndolas, cocinándolas, introduciéndolas en la boca, masticándolas y deglutiéndolas. Es a partir de este momento que acaba la alimentación y empieza la nutrición, que es un proceso inconsciente e involuntario en el que se recibe, transforma y utiliza las sustancias nutritivas (sustancias químicas más simples) que contienen los alimentos.

No son pues sinónimos. No es igual ingerir alimentos para satisfacer el apetito que suministrar al organismo sustancias para mantener la salud y la eficacia física y ejecutar las tareas básicas y cotidianas. La nutrición es consecuencia de la alimentación, es decir de los alimentos que componen la dieta y de su proporción.

El reparto de macronutrientes en una dieta equilibrada debe contener:

  • 10-15% de las calorías totales de proteínas.
  • 25-30% de las calorías totales de grasas.
  • 55-60% de las calorías totales de hidratos de carbono.

Cada persona tiene necesidades nutricionales específicas en cuanto a cantidades en función de su edad, sexo, talla, actividad diaria que realiza y también según su estado de salud. Ahora bien para que nuestros órganos no se enfermen y puedan cumplir con sus funciones debemos tratar de cumplir con las cuatro leyes fundamentales de la nutrición, recordando una vez más que la alimentación debe ser: completa, es decir, que aporte todos los nutrientes; equilibrada en cuanto a las proporciones; variada y adecuada en cantidad y calidad.