ROJO, EL ADJETIVO QUE SE PUSO COLORADO

Contra tu vergüenza, te deslizas otra vez. Hay un mundo de intentos tras esos ojos, transparentes, que algún día cerrarás.

Por alguna extraña razón, llega un momento en nuestras vidas en el que aceptamos que nuestro sueño, aquel que tanto anhelábamos, se ha convertido en pesadilla. Y nos decimos que la realidad es mejor. O buscamos otro sueño. Uno que nos llene de nuevo, porque intuimos, decimos, creemos que hemos cambiado.

Decía Oscar Wilde que abandonaríamos muchas de las cosas que a diario ocupan tiempo en nuestras vidas si no temiésemos que otros pudiesen recogerlas. Tras un error, coleccionamos excusas para sentirnos infelices. Olvidamos lo que queremos, lo que nos mueve. Perdemos la ilusión y dejamos que la vergüenza y el miedo tropiecen con nuestras ganas de volar.

Miedo a fracasar. Miedo al cambio. Miedo a dejarnos llevar por lo que queremos. El viento a menudo descarrila todos los términos y hace girar la rueda ciento ochenta grados. Quizá lo importante, el coraje, no esté en la ausencia de miedo. Sinó en considerar que hay algo más importante que el miedo. No existen límites cuando se cree en uno mismo. Sólo hay que creer. Aunque a veces resulte complicado.

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